CREADO POR ABRAHAM VIDAL latinfumador@hotmail.com
Posted by Sigfrido on 1/26/2008, 1:31 am, in reply to "Re: La Napia de Cezanne - Episodio 15."
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Victoria también siguió fumando. Mientras que Beatriz fumaba quince Victoria fumaba diez, pero en el caso de Victoria a la semana, no al día como Beatriz. Finalmente se había animado a disfrutar de su nuevo placer y a hacerlo con cierta frecuencia. Victoria se convirtió en una fumadora social ocasional y estuvo satisfecha de su decisión, le encantaba fumar esos diez cigarrillos semanales y no sentía que le perjudicaran. Había conseguido un difícil equilibrio que no es frecuente lograr. Solía fumar al menos la mitad de los cigarrillos el fin de semana y algún otro entre semana. Había días en que no fumaba en absoluto o que solo se daba el capricho de un par de caladas.
En buena medida Victoria había conseguido acomodarse en un tabaquismo tan moderado porque jamás fumaba sola, para ella fumar era un acto social y el tabaco el perfecto aderezo de la amistad, como un glutamato que intensifica el sabor de la compañía y los buenos ratos compartidos. En cambio para Beatriz el tabaco era su medicina y su refugio. Cuando Beatriz fumaba era un acto individual e incluso, cuando estaba en compañía y se ponía a fumar, era como si se retirara un poco del grupo, el fumar la ponía en una virtual burbuja protectora desde la cual podía seguir relacionándose con los demás pero de una manera sutilmente más distante. Para Beatriz el fumar se convirtió también en parte básica de su imagen, le parecía que le quedaba bien.
La gente no se sorprendía al ver que Beatriz fumaba, era una chica que daba la imagen de fumadora. En cambio todo el mundo se sorprendía al ver por primera vez a Victoria encender un cigarrillo. Victoria tenía un aire fresco y natural, era una chica encantadora que, al ir superando se adolescencia y su viejo complejo por su estatura, se había vuelto más abierta, cálida y espontanea. Incluso como presidenta de la sección local del club de fans de La Napia de Cezanne empezaba a relajar su pose defensiva de cuadriculada eficiencia. En realidad el ritualismo de fumar se convirtió en una excepción en la espontaneidad de Victoria. La gente no se esperaba que una dulce morochita como ella fumara. Incluso en ocasiones ocurría que alguien al verla desde lejos fumando con alguna amiga, a causa de su estatura se imaginaba ver a una niña fumando en compañía de una adulta, preguntándose escandalizado como la adulta había podido ser tan desaprensiva para dar tabaco a una niña, hasta que el desconocido miraba mejor y descubría que no era una niña la encantadora fumadora. Antes de verla fumando a la gente le resultaba absurda la idea de que Victoria fumara y pensaba “no es posible que fume”, pero cuando empezaba a fumar, con placer evidente, veían que para ella era algo de lo más natural y pensaban “ah, claro que fuma”. Cuando fumaba parecía como si el fumar encajara perfectamente con ella. Con el humo envolviéndola como un velo etereo y circulando por sus vías respiratorias como si fuese un acto fisiológico, Victoria se veía como un pez en el agua.