CREADO POR ABRAHAM VIDAL latinfumador@hotmail.com
Posted by Trinidad D on 1/12/2009, 10:57 pm, in reply to "Re: El lio de empezar a fumar. Así empezó Araceli."
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Tras Araceli fue Verónica quien contó su historia. Durante las últimas semanas del curso anterior, un chico llamado Efrén la había estado rondando. Verónica había estado bastante ambigua con Efrén, le parecía simpático y le gustaban sus atenciones pero no lo visualizaba como al hombre de su vida. Verónica esperaba encontrar a un hombre que le aportara más, alguien más seguro de si mismo y a la vez más complaciente, alguien que la tratara como una reina y que se supiera manejar en la vida. Efrén le gustaba pero no lo veía como un hombre para ella, ni siquiera tenía coche, así que Verónica, pese a disfrutar de las atenciones de Efrén, se le mostraba desdeñosa y altiva. Para satisfacción de Verónica, a pesar de su actitud, Efrén perseveraba en intentar conquistarla. Pero un día Efrén se cansó, se dio cuenta de que Verónica no iba a aceptarlo y no volvió. Verónica se encontró con que su pretendiente había desaparecido y fue entonces cuando se dio cuenta de que de alguna manera le quería.
Ya no había vuelta a tras para Verónica. Su orgullo le impedía ser ella la que llamara a Efrén, no sabía como salir de su actitud condescendiente y tomar la iniciativa en el cortejo, ni siquiera puntualmente para arreglar el desastre, así que a Verónica solo le quedaba lamentarse. La dominó la tristeza, pasaba largo tiempo sola en su habitación escuchando canciones de Mecano, La Quinta Estación y otras canciones pop con letras sentimentales, especialmente las que hablaban de penurias amorosas. También le pareció que los cigarrillos podían ayudarla a consolarse. Trinidad, Siena y Araceli no lo sabían pero Verónica ya antes fumaba algún cigarrillo de vez en cuando. Sus padres eran fumadores por lo que para Verónica el tabaco siempre había sido algo familiar. No se había hecho fumadora porque pensaba que era algo que no iba con ella y le satisfacía estar por encima de esa debilidad, pero desde los diecisiete años en algunas celebraciones o encuentros familiares fumaba un cigarrillo. A sus padres les parecía natural que una chica crecida fumara por lo que no mostraban ninguna oposición a que encendiera un cigarrillo sino que de hecho lo propiciaban, y Verónica, dejándose llevar por el amiente familiar de complacencia con el tabaco, pensaba que fumar un pitillo en ciertas ocasiones no era más que un acto social intrascendente. Tras su extraño desengaño amoroso con Efrén y tras haber leído “Cuando fumar era un placer” de Cristina Rosi Peri, Verónica pensó que fumar unos cigarrillos le podía ayudar a animarse y que podía ser una experiencia interesante. Solo durante unos días, para salir del bache. Un par de semanas de canciones románticas y cigarrillos después, Verónica empezó a sentirse más animada y, aunque aun estaba sentimentalmente convaleciente, se sintió capaz de dar por cerrado el capítulo de Efrén. Pero descubrió que no podía dejar de fumar, que pasado un tiempo sin fumar no podía pensar en otra cosa y que solo encender un cigarrillo le calmaba esa ansia, de una manera deliciosa. Su familia apenas comentó el asunto, les parecía que era perfectamente normal que Verónica fumara, pero Verónica pensó que sus sanotas amigas no iban a aceptar su vicio y que era mejor ocultárselo. Podéis imaginar su alivio cuando descubrió que podía fumar libremente con sus nosotras.