CREADO POR ABRAHAM VIDAL latinfumador@hotmail.com
Posted by Trinidad D on 1/12/2009, 11:10 pm, in reply to "Re: El lio de empezar a fumar. Donde me fui de verano al campo."
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Como decía, una de las razones de que mi abuela tenga debilidad por Natalia es que Natalia fuma. Mi abuela Mica es fumadora, ahora fuma mucho menos que cuando era más joven, pero aun así es una fumadora convencida y sigue pensando que fumar es un placer completamente recomendable y chic. Recuerdo que ya con catorce años me había ofrecido tabaco de manera excepcional, pero desde que tuve dieciséis años no dejó de animarme a fumar, sorprendida de que no hubiera empezado yo misma espontáneamente y atribuyendo aquella “ñoñería sin sentido” a una mala influencia de mi madre que creía que debía corregir. “No se trata de que te conviertas en una fumadora empedernida Trini”, me decía “pero darte el gusto de fumar algún cigarrillo no te hará ningún daño”. Incluso en alguna ocasión fue tan descarada como para ofrecerme un cigarrillo delante de mis padres y cuando luego a solas con ella me quejaba, me decía que era para “desdramatizar el tema del tabaco”. Tan insistente resultaba la abuela Mica que acabé aceptando probar a fumar un cigarrillo y de tarde en tarde volvía a fumar uno, solo para que no me tuviera por una puritana melindrosa y no fuera tan insistente con el tema.
Cada vez que la abuela Mica y Natalia fumaban juntas, era como una pequeña celebración que creaba una especial complicidad entre ellas. Natalia no fumaba cigarrillos normales, fumaba cigarrillos Vogue, unos cigarrillos delgados de aspecto divertidamente elegante que encaja en el aire de “burguesa bohemia” de Natalia. En una ocasión estábamos tomando té, como de costumbre, Natalia y la abuela Mica encendieron sus cigarrillos, dándole fuego Natalia a la abuela cortésmente, y viéndolas fumar me entró curiosidad por los cigarrillos Vogue, por lo que le pregunté a Natalia como eran. Me contestó que eran ricos, que a ella le gustaban y que se veían elegantes. Mi abuela le dijo que me diera un pitillo para que yo misma viera que tal eran y Natalia me ofreció uno algo dubitativa, porque no es una proselitista del tabaco. Tras un breve instante de vacilación cogí un cigarrillo y yo misma me lo encendí con el mechero de la abuela ante su mirada complacida. En los siguientes días volví a fumar Vogues de Natalia, uniéndome a mis dos parientes fumadoras para satisfacción de mi abuela. No hubiera hecho lo mismo con cigarrillos normales, como los Ducados Rubio de mi abuela, pero fumar los finos y esnobs cigarrillos Vogue no era fumar en serio, solo era una diversión frívola. Se convirtió en una juguetona manera de pasar un rato agradable con la abuela Mica y Natalia en aquellas largas jornadas de verano en el campo. Natalia no es una fumadora entusiasta como lo es mi abuela, por lo que no es partidaria de ofrecer tabaco a jovencitas no fumadoras, pero le hacía gracia ver a una chica como yo (“Trinidad tiene un aire como jipilondio” decía ella) fumando sus aristocráticos cigarrillos, por lo que si le pedía un cigarrillo me respondía con una sonrisa y me decía que lo cogiera sin más.