CREADO POR ABRAHAM VIDAL latinfumador@hotmail.com
Posted by Trinidad D on 1/12/2009, 11:15 pm, in reply to "Re: El lio de empezar a fumar. El encanto de los Vogue."
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En una ocasión volvía de una excursión de camping cansada y medio mojada, porque nos había llovido. Me di una ducha caliente, me “empijamé” y la abuela Mica me entregó el vaso de cacao caliente que le había pedido antes de entrar en la ducha, cuando ella me preguntó si quería tomar algo. Tras dar unos sorbos a la humeante taza de colacao, me decidí y, dejando la taza sobre la mesita de café, fui a encenderme un Vogue. Cuando volvía de camino a casa de la abuela e iba pensando en deshacerme de las fatigas de la excursión con una ducha caliente y leche chocolateada, sin saber muy bien por que me empezó a tentar la idea de acompañar el cacao con un Vogue, pero hasta que salí de la ducha no me decidí a darme el capricho. Aun con el cabello húmedo de la ducha, me repanchingué en el sofá con mi cacao caliente y mi Vogue, que resultaron una reconfortante y agradable combinación. Mi abuela se sentó un rato conmigo para charlar un poco y me resultó curioso estar con mi abuela fumando sin que ella lo hiciera, pero fue un delicioso descanso tras un día tan fatigoso.
No pasaron muchos días antes de que me encontrara con que solo me quedaba un Vogue. Cuando mi abuela me había entregado los dos paquetes me había parecido una cantidad inmensa y pensé que no me llegaría a fumar los cuarenta, ahora me sorprendía que ya casi me los había fumado todos, pero lo cierto es que últimamente había fumado todos los días que había estado en casa de mi abuela. Fumé el último Vogue, con gusto y también con algo de melancolía, y lo apagué poniendo fin a aquella experiencia vacacional. Ese mismo día me fui a pasar el fin de semana a la ciudad.
Volví a casa de la abuela Mica un par de días más tarde. Cuando tras el té de la tarde mi abuela se encendió un cigarrillo, pensé por un instante en encender un Vogue, como había hecho últimamente acompañando a mi abuela tras el té. Pero al momento recordé que ya se me habían acabado y que aquella experiencia ya había acabado. Mientras veía a mi abuela fumar me sorprendió que echara de menos mis Vogue, pero lo asumí filosóficamente.
Después de cenar nos sentamos en el sofá y mi abuela volvió a fumar. En los últimos días solía fumar un Vogue tras la cena y ahora lo echaba de menos, más que al medio día. Se lo confesé a mi abuela en tono de broma y ella me miró comprensiva, callando un momento antes de sugerirme que fumara uno de los suyos. La invitación me pareció algo absurda porque lo que me apetecía fumar era un Vogue y mi abuela me ofrecía un Ducados Rubio azul ¿Qué tenía que ver un cigarrillo barato con un elitista Vogue? Sin embargo pasado un minuto, pensando que a lo mejor fumar uno de aquellos cigarrillos podía ser un rudimentario remedo de fumar un Vogue, cogí un cigarrillo de mi abuela y lo encendí. Dos caladas después estaba realmente sorprendida, aquello se parecía mucho a fumar un Vogue ¿Cómo era posible? Seguí fumando el cigarrillo fijándome en su sabor y en las sensaciones de la fumada. Increíblemente la experiencia era muy parecida a fumar un Vogue, prácticamente idéntica.