CREADO POR ABRAHAM VIDAL latinfumador@hotmail.com
Posted by Trinidad D on 1/12/2009, 11:21 pm, in reply to "Re: El lio de empezar a fumar. Viaja en bus, conocerás gente."
83.34.105.47
Seguí encontrando ocasiones para fumar. Mis amigas habituales no eran fumadoras pero no era raro encontrarse con algún fumador conocido encantado de invitarte a un cigarrillo y compartir un rato de conversación. La chica de la tienda de gominolas que salía a fumar a la puerta, breves visitas al piso de mi vecina Lola y su madre, encuentros con otras conocidas por el barrio o por el resto de la ciudad, paseantes de perros cuando bajaba el perro de mi madre, más fumadoras sociables en la parada del autobús…no faltaban encuentros con fumadores en los que encender un pitillo resultaba natural. Decidí que podía darme el capricho de fumar un cigarrillo de vez en cuando, como había hecho en casa de mi abuela, sin dejar que se convirtiera en hábito. No iba a convertirme en fumadora pero no por ello me iba a negar el gusto de fumar un pitillo alguna vez.
Me empezó a entrar cierto complejo de gorrona al fumar siempre tabaco ajeno, así que me compré una cajetilla. Al encontrarme con alguien que alguna vez me había invitado a fumar me encantaba sacar mi cajetilla del morral y ofrecerles un cigarrillo, tranquilizando mi conciencia. Al tener mis propios cigarrillos fui encontrando más momentos para fumar y pronto fumaba todos los días. Me dije que no tenía importancia, que ya había fumado Vogues a diario en casa de la abuela Mita y cuando e iba de allí no tenía problema en no hacerlo, no era como si fumara en serio. Me sentía cómoda fumando con fumadores, pero ni se me pasaba por la cabeza fumar estando con mi círculo de amistades, en el que nadie fumaba. Temía que me vieran como una palurda, atolondrada y viciosa.
Una tarde había parado a charlas con un par de paseantes de perros fumadoras en una plaza del barrio. Saqué un cigarrillo y lo sujeté entre los labios rebuscando el mechero en el morral, una de las paseantes de perros me ayudó dándome fuego y, al levantar la vista del extremo del cigarrillo mientras sentía el humo de la primera bocanada inundando mis pulmones, vi a mi madre parada junto a la plaza y mirándome boquiabierta. La saludé algo cortada mientras echaba el humo. Mi madre frunció el ceño y se fue a casa.
Más tarde tuve que explicarle a mi madre que no era fumadora pero que a veces fumaba un pitillo, nada serio. Mi madre no pareció estar segura de que le dijera la verdad pero tampoco pudo hacer mucho más que resignarse y aceptar mi explicación. Pasado el palo inicial, me sorprendí de sentir cierta satisfacción al ver que mi madre estaba contrariada por verme fumar, una especie de tonta satisfacción adolescente, a pesar de que no quería que mis amigos no fumadores y el resto de mi familia supiera de mi gusto por fumar. Que lo supiera mi madre me hacía sentir traviesa y algo insolente, pero me alegré de que no hubiese sido mi padre el que me había visto fumando, eso si que me hubiera hecho sentir mal porque tengo que confesar que me gusta que mi padre me siga viendo como su niña. Soy una mujer adulta pero con mi padre me gusta hacer una excepción. Por suerte mi madre no le dijo nada.