CREADO POR ABRAHAM VIDAL latinfumador@hotmail.com
Posted by Trinidad D on 1/12/2009, 11:25 pm, in reply to "Re: El lio de empezar a fumar. Reencuentrro con Natalia y vuelta a las clases."
83.34.105.47
De vez en cuando pasaba un día o más sin fumar, bien porque los pasaba en compañía de mi familia o bien porque me entraban dudas sobre si no estaría haciendo una estupidez. Estaba fumando con cierta frecuencia, no porque lo hubiera decidido así si no porque me había ido apeteciendo fumar un simple cigarrillo en uno y otro momento, sin pretender hacer de eso una costumbre. Ahora había momentos en que temía estar enganchándome a un vicio nocivo y sin sentido. A veces pensaba: “Yo, Trinidad ¿Una fumadora?”, y me parecía una idea absurda. Por más que tenía que reconocer que me gustaba fumar no me veía como fumadora, por lo que trataba de comprobar que no había adquirido una adicción y de sentir que podía controlar aquello dando de lado los cigarrillos unos días. Pero en esos días sin fumar voluntaria e involuntariamente, echaba en falta los cigarrillos, se convertían en unos días un poco grises y sosos. Aunque pasara esos días haciendo cosas que me gustaban echaba de menos fumar y era muy rico cuando finalmente fumaba un pitillo. El fumar un cigarrillo era un momento con un brillo especial que le daba un aliciente extra al día. Fumar hacía que el día resultara más completo, un cigarrillo era como la guinda del pastel, un momento especial. Así que llegué a la conclusión de que no iba prescindir de los cigarrillos, trataría de evitar sus efectos nocivos fumando poco pero no iba a renunciar a la satisfacción de fumar. Asumí que, fuera por gusto o por adicción, era fumadora.
Poco después descubrí asombrada que Araceli, Siena y Verónica, mis amigas del ciclo de Desarrollos de alta Cultura, también habían empezado a fumar, como os contaba al principio. Poder fumar con mis amigas fue una liberación, como también lo fue para ellas. Me encantaba poder fumar cuando íbamos a tomar un café o cuando salíamos por la noche y, aunque al principio me resultaba chocante vernos a las cuatro cigarrillo en ristre, en seguida me empezó a resultar una escena agradable. Solíamos ir a una cafetería cercana al instituto que estaba decorada con espejos, por lo que no solo veía fumar a mis amigas sino que solía verme a mi misma fumando. Fui fijándome en como se me veía fumando y acostumbrándome a mi imagen como fumadora. Me empezó a parecer que mi abuela tenía razón, me veía bien fumando y, viéndome en los espejos, fui cambiando mi manera de manejar el cigarrillo, de echar el humo y el resto de los gestos para fumar con más estilo. El resto de las chicas, sobre todo Siena, seguida por Araceli, también fueron mejorando su estilo al fumar. Casi se diría que competíamos en fumar con elegancia.
Sintiéndonos apoyadas las unas en las otras, las cuatro amigas salimos del armario como fumadoras. Empezamos a fumar a la vista de otras compañeras del ciclo formativo e incluso fumamos a la puerta del instituto, donde se solían juntar los fumadores. Era muy reconfortante fumar un pitillo y charlar un rato con las compañeras al acabar al acabar las clases. Fumando en la salida del insti solíamos coincidir con fumadoras de los ciclos de Confección, Estética y demás, con las que nunca antes habíamos hablado. La afición común al humo nos acercaba por encima de las tontas rivalidades entre ciclos.
Para nuestra sorpresa aparecieron más fumadoras, chicas que no sabíamos que fumaban, que lo mantenían medio oculto y que al verte fumar se rebelaban como fumadoras. Aparecieron compañeras del ciclo de Desarrollos de Alta Cultura que dado el ambiente no fumador del ciclo habían ocultado que fumaban y que ahora, al vernos fumar a nosotras cuatro, se atrevían a juntarse a fumar con nosotras y gente de otros ciclos.