CREADO POR ABRAHAM VIDAL latinfumador@hotmail.com
Posted by Trinidad D on 1/12/2009, 11:29 pm, in reply to "Re: El lio de empezar a fumar. A plena luz."
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Junto con Siena, Verónica fue la otra de las cuatro que pronto aumentó el número de cigarrillos que fumaba y eso, a pesar de que eran personas muy distintas, le creó un vínculo especial con Siena como amigas fumadoras, porque las demás no les seguíamos el ritmo. Sin embargo era una fumadora muy distinta a Siena. Si el fumar en Siena se ve como un acto hedonista en Verónica resulta más mecánico, el alivio de una necesidad y una rutina satisfactoria. Verónica fuma con un estilo despojado, por no decir que prescinde del estilo y que sus gestos al fumar son simplemente utilitarios, destinados a la acción de inhalar humo y sin ninguna intencionalidad estética. Una tarde oscura de invierno me la encontré con su madre por una zona de tiendas, ambas con bolsas de tiendas de ropa y un cigarrillo recién encendido. Me paré un momento con ellas y me sorprendió la sintonía entre ambas, el parecido en su lenguaje corporal y en su expresión, ese aire serio con el que desarrollaban el ritual integrador y rutinario de una tarde de compras, se adivinaba que tenían puntos de vista sobre la vida casi idénticos. Fumaban juntas sin darle mayor importancia (yo aun procuro no fumar delante de mi madre y nunca lo hago delante de mi padre), la misma marca de cigarrillos. Más que como madre e hija se comportaban como hermanas formales y poco efusivas, con esa formal cordialidad. La madre de Verónica parecía una versión más vieja de ella y me pregunté si esa era una imagen futura de la misma Verónica, una mujer de mediana edad convencional, opaca y marujil. Me ofrecieron un cigarrillo y aunque llevaba bastante tiempo sin fumar lo rechacé, sin saber muy bien por que. ¿Cómo era posible que Verónica asumiera los valores de su madre tan completamente? Me parecía antinatural que entre una madre y una hija haya tanta identificación y continuidad, parecía como si Verónica fuera otra rutinaria mujer de mediana edad. Desde luego en Verónica el fumar no tiene nada de trasgresión, es un acto de “normalidad”.
El que las cuatro fumáramos hizo que fuera más fácil presentarnos antes nuestras amistades y conocidos, comunes o no, como fumadoras. Nos dábamos mutuo apoyo al revelarnos como fumadoras y los reproches y lamentaciones que nos hacían al descubrir que fumábamos eran menos numerosos y más llevaderos que si encendíamos un pitillo en solitario entre no fumadores.