CREADO POR ABRAHAM VIDAL latinfumador@hotmail.com
Posted by Trinidad D on 1/12/2009, 11:37 pm, in reply to "Re: El lio de empezar a fumar. Siena sabe como ser una buena anfitriona."
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Como casi ninguna de nuestras amigas fumaba estábamos expuestas a bastantes críticas. Vimos que para evitar esas críticas a Siena le daba buen resultado el no ponerse nunca a la defensiva con el tema de fumar. Seguramente Siena, por su imagen de chica poética que siempre es una niña buena y limpia, fue la que recibió más críticas según la gente iba descubriendo su vicio, así que se vio empujada a desarrollar estrategias para protegerse de esas críticas dejando bien sentado que no lamentaba en absoluto fumar, que no se avergonzaba de ese hábito, que le encantaba y que considerada que el tabaco era una maravilla. En vista de sus buenos resultados, Araceli y yo acabamos adoptando la postura de Siena de no ocultar que nos gustaba fumar y que estábamos contentas de ser fumadoras. A Verónica también intentaba alguna vez esa defensa positiva de su fumar, pero no le salía muy bien y a las críticas al tabaco solía reaccionar con enfado y defendiéndose molesta con reivindicaciones de su libertad personal.
La postura de mantener que fumar era algo positivo acababa desembocando en que fuéramos un poco proselitistas del tabaco en nuestros círculos de amigos no fumadores. Araceli, Verónica y yo no tanto como Siena, pero al final en alguna ocasión tentábamos a muestras amistades no fumadoras para fumar un cigarrillo y nos encantaba cuando lo hacían. Es divertido fumar con los amigos y una siempre acaba convenciendo a alguna amiga que no fuma para que fumar un cigarrillo contigo, y a alguna le empieza a gustar fumar. Pero Siena era la que se llevaba la palma en esa actividad proselitista, era una auténtica propagandista del tabaco. Si le decían que fumar o el tabaco era malo, un asco, una mala idea, un veneno, un vicio horrible, una adicción destructiva, etc., ella sin dudar contestaba sonriendo, con tono didáctico y comprensivo, que era una delicia, un regalo, algo sublime, una adicción maravillosa, etc., explicaba que ella también pensaba así del tabaco antes de probarlo pero que ahora sabía que era estupendo, animando a la gente a conocerlo. Siena se extrañaba cuando alguien probaba el tabaco por primera vez y no lo encontraba estupendo, pero acabó dándose cuenta de que a la mayor parte de la gente no le ocurría como a ella, que había encontrado bueno fumar la primera vez que lo probó, y que la gente solía necesitar practicar un poco antes de encontrarle gusto al tabaco.
Quizá por haber sido iniciada en el tabaco por una chica de quince años, a Siena no le importaba mucho la edad a la hora de invitar a fumar. La vi dar un cigarrillo a una chavalita de catorce años que la acompañaba, que por la manera medio nerviosa medio divertida en la que aceptó la invitación no debía ser la primera vez que fumaba con Siena. También recuerdo como daba caladas de su cigarrillo a un joven e imberbe primo suyo menos interesado en el tabaco y como incitaba a fumar a los amigos de su hermana de dieciséis años cuando coincidíamos con ellos en alguna celebración de Siena. Tampoco se cortaba en animar a fumar a gente mayor que ella.