CREADO POR ABRAHAM VIDAL latinfumador@hotmail.com
Posted by Trinidad D on 1/12/2009, 11:41 pm, in reply to "Re: El lio de empezar a fumar. Si te gusta fumar ¿para que negarlo?"
83.34.105.47
Huy, me estoy fijando en que los títulos de los mensajes de me están amontonando como fichas de dominó. a ver si llego al final de este anecdotón sin que los títulos se hagan un nudo.
Con quien Siena no tuvo mucho éxito misionero fue con su hermana Cecilia, una chica alta, idealista, tímida, y a pesar de eso más confiada con la gente que Siena. Se llevaban muy bien y cuando Siena montaba una de sus veladas casi siempre participaban Cecilia y alguna de sus amistades, a pesar de ser más jóvenes que los invitados de Siena. Cuando Siena descubrió que le encantaba fumar quiso compartir el descubrimiento con su hermana e iniciarla en aquella maravilla, pero a pesar de que Siena a menudo la animaba a fumar y que a través de su hermana con frecuencia estaba en un ambiente tabaquista, Cecilia no adoptó el nuevo hábito de su hermana. Su timidez no tenía que ver con que no fumara, porque aun con el amparo de su hermana y en el ambiente favorable al tabaco de las veladas de amigos en casa de Siena, en las que le daba más corte no aceptar un pitillo que encenderlo, Cecilia prefería no fumar. Solo en un par de ocasiones vi a Cecilia fumar, y posiblemente no se fumara esos cigarrillos ella sola. A Siena le desconcertaba el que a Cecilia, siendo su hermana, no le hubiese encantado fumar con solo probarlo.
Fue por aquella época que fui casa de una vieja amiga mía, no fumadora. Saludé a la madre de mi amiga Adelaida y charlamos un rato con ella y con otra señora que la acompañaba. La madre de Paula cogió una cajetilla de Fortuna alto en nicotina e hizo ademán de ofrecerme, pero interrumpió el gesto y dijo “no, tu no fumas” en tono de disculpa, mientras que ofrecía un cigarrillo a la otra señora, que mientras cogía uno comentó que las jóvenes de ahora ya no fuman. Parecía que las dos fumadoras maduras pensaban que su hábito era una cosa pasada de moda, cosa de gente de su edad, que la gente joven rechazaba y no entendía. “Algunas si que fumamos” dije mientras la madre de Adelaida daba fuego a su compañera. “¿En serio? No lo sabía”, dijo Jessica, la madre de Adelaida, muy sorprendida de que una amiga de su hija fumara. Le dije que si, que había empezado durante el verano y que me encantaba fumar. Jessica ni se encendía su cigarrillo ni se decidía a ofrecerme uno, rompí el hielo pidiéndole uno, me lo dio, y ambas encendimos nuestros cigarrillos. Las dos señoras estaban contentas de que me uniera a ellas, mientras que Adelaida nos miraba fumar más sorprendida que disgustada por la novedosa escena de una amiga suya, su amiga Trini, estuviera fumando con su madre como una experta. Llevaba un día sin fumar así que fumé con “apetito” al menos las primeras caladas, para satisfacción cómplice de Jessica. “Teniendo una amiga fumadora a lo mejor te animas a fumar algún pitillo” dijo la acompañante de Jessica a Adelaida. Esta negó tal posibilidad.
Los cigarrillos se convirtieron en un elemento esencial de los encuentros y salidas de nuestra pandilla del ciclo formativo. Aunque Verónica solía fumar LM, la misma marca que su madre, le encantaban los Marlboro, para ella la mejor marca de tabaco, la de más calidad, la más lujosa y la más enrollada de todas. Si no la fumaba habitualmente era por su precio. Una noche Verónica se trajo una cajetilla de Marlboro y obsequiosamente, queriéndonos hacer partícipes de su gusto por aquella marca, nos invitó a compartirla. Durante el resto de la velada todas estuvimos fumando la cajetilla de Marlboro, llenando nuestros pulmones con aquella esencia de capitalismo hasta que los acabamos.