CREADO POR ABRAHAM VIDAL latinfumador@hotmail.com
Posted by Trinidad D on 1/12/2009, 11:50 pm, in reply to "Re: El lio de empezar a fumar. El retrato de Cecilia fumadora."
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Pero en otra ocasión, en que hacíamos un viaje corto en el coche de la madre de Verónica, esta advirtió de entrada que en el coche de su madre se fumaba. Así que como Verónica iba a llenar el coche de humo igual, las cuatro, y una compañera que venía con nosotras y que hacía poco había salido del armario como fumadora ocasional, fumamos en el coche. La excursión fue una experiencia curiosa porque yo, me parece que como las demás, nunca había fumado tanto, en el coche y fuera de él. Fue todo un viaje nicotínico. Cuando las demás lamentábamos los efectos de haber fumado demasiado, Verónica decía que a ella no le pasaba nada por fumar más de la cuenta, que si fumaba mucho le podía picar la garganta pero que no creía que fuera posible tener una sobredosis de nicotina “como si fuera una droga”. Nos molestó un poco que Verónica fuera tan sobrada, como si las demás fuéramos unas blandas quejicas , y cuando unos días después estábamos en casa de Siena, esta sacó el tema de si era posible una sobredosis de nicotina. Verónica se reafirmó en su opinión de que era imposible y Siena, señalando su planta de tabaco ornamental, comentó que el tabaco fresco mucha más nicotina que el secado y fermentado que se fumaba y aseguró a Verónica que si fumara un poco de tabaco fresco la nicotina la tumbaría. Verónica aseguró que no, Siena la retó a demostrarlo y Verónica aceptó el reto si Siena le explicaba como hacerlo. Siena cortó un trocito de hoja de tabaco, lo picó con una navajita y mezclándolo con picadura de tabaco rubio lió con habilidad un cigarrillo que le quedó muy bien y se lo ofreció a Verónica. Con afectada despreocupación esta lo tomó, se lo encendió y aunque dijo que el sabor era algo recio, fumó con toda normalidad, como si fuera un Marlboro, dándole buenas caladas. Al exhalar la cuarta calada se le perdió la mirada, se le aflojó el cuerpo y se desmayó. Por suerte estaba sentada en una silla con brazos, si no se hubiera caído al suelo. Saltamos a atenderla y apagamos su cigarrillo. Araceli y yo estábamos alarmadas mientras que Siena, aunque también se había acercado a socorrer a Verónica, no podía reprimir completamente una sonrisa traviesa.
Entre una cosa y otra las cuatro fuimos aumentando la cantidad de tabaco que fumábamos, aunque no todas por igual. La que más fumaba era Verónica, seguida por Siena. Cuando hacíamos un viaje algo largo en autobús, Verónica y Siena lo pasaban un poco mal por no poder fumar y la verdad es que a veces a mi también me entraba un poco de ansia por fumar. Al bajar del autobús enseguida encendíamos cigarrillos. Sin embargo la primera que se quejó de estar fumando demasiado fue Araceli. A las demás amigas fumadoras su queja nos pareció absurda porque todas fumábamos más que ella y al menos yo no había notado ninguna consecuencia negativa más allá de algún dolor de garganta. Pero empecé a notar algunos malestares que me acabé dando cuenta de que eran consecuencia del tabaco: frecuentes faringitis, tendencia a la fatiga y menos energía, irritaciones de ojos, piel cansada y con peor color. Además cada vez me hacía más falta fumar, me fastidiaba estar en situaciones en que no podía fumar por mucho tiempo, como visitas a parientes, y retrasaba las citas con amigos que rechazaban el tabaco, tratando sin darme cuenta de evitarlas, por lo que me empezaba a condicionar la vida social.