CREADO POR ABRAHAM VIDAL latinfumador@hotmail.com
Posted by Trinidad D on 1/12/2009, 11:52 pm, in reply to "Re: El lio de empezar a fumar. Viajar fumando."
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Pensé que solucionaría el problema simplemente fumando menos, pero no conseguía reducir el número de cigarrillos, siempre encontraba algún pretexto para seguir fumando lo mismo. Si nada me impedía fumar, fácilmente fumaba quince cigarrillos. Alguien me comentó que reducir el número de cigarrillos cuando se fuma más de lo que se desea puede ser muy complicado, que si no se consigue hacerlo de otra manera, el sistema más directo para reducir el consumo era reiniciando. Me explicó que era eso de reiniciar el vicio. Era lo mismo que con un ordenador que se cuelga y que se le da a la tecla de reinicio. Se cierran todos los procesos del ordenador y se vuelve a poner en marcha. Reiniciar el hábito de fumar es lo mismo. Se trata de “cerrar los procesos” del hábito, o sea, dejar de fumar un tiempo, para desengancharse física y sobre todo psicológicamente, deshaciéndose de la compulsión por fumar, para después volver a empezar a fumar siendo capaz de controlarlo.
Le comenté esa idea a Araceli mientras ambas fumábamos. Si Araceli había empezado a quejarse de fumar demasiado, pese a fumar menos que las demás, era porque siendo más activa físicamente que las demás, había notado antes el efecto del tabaco en su rendimiento físico. Yo sabía que dejar de fumar, aunque solo fuera provisionalmente, me resultaría muy difícil. Sabía de sobra que era adicta al tabaco por como me sentía cuando por alguna circunstancia no podía fumar durante varias horas y el ansia visceral por llenarme de humo de tabaco que la abstinencia me producía. Encontrándome con amigas y vecinas fumadoras todos los días, me parecía que sería más difícil dejarlo. Lo ideal sería poder alejarse de los espacios cotidianos, irse a un balneario, embarcarse en un velero o algo así.
Araceli lo pensó un poco y tras paladear una bocanada de humo me dijo que no me podía ofrecer un balneario, pero que en tres semanas, tras los exámenes, se iba de vacaciones al pueblo de donde venía su familia, en las estribaciones de los andes ecuatorianos. Que el cambio de aires podía facilitar el abandono del tabaco y me invitó a irme con ella. Me lo pensé unos días y tras conseguir financiación familiar para el viaje accedí.
El vuelo trasatlántico fue un agobio creciente a medida en que mi organismo eliminaba los últimos restos de nicotina. Para hacer la cosa más llevadera procuré dormir o dormitar la mayor parte del vuelo, ayudada por la mezcla de las pastillas contra el mareo y el vino tinto que generosamente te ofrecen con la cena en los vuelos intercontinentales. Al llegar a Quito me moría por fumar y cuando tras ser recogidos por parientes de Araceli, salimos por la puerta de la terminal y asistimos a la habitual escena de varios fumadores encendiendo su primer cigarrillo tras el vuelo, casi me vuelvo loca y estuve tentada de detener nuestra pequeña comitiva para regresar al interior del aeropuerto y comprar cigarrillos en un quiosco.