CREADO POR ABRAHAM VIDAL latinfumador@hotmail.com
Posted by Trinidad D on 1/12/2009, 11:53 pm, in reply to "Re: El lio de empezar a fumar. Si fumas demasiado, reinicia."
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Nos fuimos al pueblo de origen de Araceli, a la casa de sus abuelos, y fui conociendo a su familia más cercana. Durante dos días todo fue conocer a parientes de Araceli y amigos de su familia que iban contentos a saludarla a su casa. Fue divertido conocer a toda aquella gente pero a los dos días nos fuimos en bicicleta por la sierra con la excusa de visitar a parientes de Araceli que viven en el campo, acompañados de unos primos suyos. Queríamos alejarnos del pueblo porque en él veíamos a gente que fumaba, porque queríamos alejarnos de las tentaciones de fumar y porque pensábamos que el ejercicio nos ayudaría a relajarnos y a pasar el mono. Los siguientes días los pasamos pedaleando, caminando y conociendo a los parientes del campo. Dormíamos en las casas de los parientes o acampábamos. Araceli lo llevaba bien, pero yo estaba agotada con aquellas sesiones diarias de ciclismo de montaña y senderismo. Realmente no había hecho tanto ejercicio en mi vida y no estaba en mi mejor momento de forma. Pero sobrellevé el cansancio con buen ánimo porque me ayudaba a no pensar en fumar. Araceli no quiso decir a sus familiares la causa de nuestro programa de entrenamiento, creíamos que nos sería más fácil dejar de fumar si nadie pensaba en nosotras como en fumadoras, nos ahorraríamos ofrecimientos de cigarrillos y otros pequeños sabotajes de nuestro propósito de no fumar. Pero al no decir porqué nos echábamos al monte con nuestras bicis durante días, nos exponíamos a parecer unas antipáticas que evitaban estar con la familia de Araceli. Pasados unos días fuera del pueblo de los abuelos de Araceli, y pasado lo peor de nuestro síndrome de abstinencia, volvimos. Empezando a hacer salidas en bici con salida y llegada en el mismo día en el pueblo y pasando más tiempo con familiares y amigos de Araceli. Además siempre se nos unían algunos de ellos cuando salíamos en bici o a un largo paseo campestre. Ya no se hacía tan complicado ver a gente fumando en las cantinas del pueblo, en su plaza de armas o cuando salíamos a un pub. Aun me daban ganas de probar las marcas locales de cigarrillos pero era cada vez más fácil superar el deseo. Al final de nuestra estancia en Ecuador ya me sentía prácticamente como una no fumadora y tras tantas sesiones de ejercicio, estaba más en forma que nunca.