CREADO POR ABRAHAM VIDAL latinfumador@hotmail.com
Posted by Frijolito on 10/1/2009, 2:11 pm
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Vi esta escena hacia las 9 menos 10 de la mañana. Esperaba a que el semáforo de peatones se pusiera en verde para cruzar la calle. Los coches pasaban por el carril más cercano a mi mientras que en el carril contrario los coches tenían el semáforo en rojo. Allí, esperando para salir del centro de la ciudad, había un todoterreno caro, negro con cromados, me pareció que de marca Toyota, conducido por una señora de mediana edad, con su media melena lisa teñida de rubio y, pese a que se notaba que trataba de dar una imagen de estilo, con un toque recio en su rostro. La señora, con su coche de lujo, su tinte y su gesto, irradiaba arrogancia de clase. Iba acompañada de otra mujer cuya cara no vi, por lo que se me hace imposible calcular su edad, y en el asiento de atrás una chica adolescente, seguramente su hija, de rasgos suaves y dulces, con cabello castaño oscuro y ondulado.
La señora encendía un cigarrillo con el encendedor del coche. Me pareció un gesto bastante prepotente y desaprensivo que se pusiera a fumar en el coche estando acompañada, sobre todo pensando en su tierna hija. Tenía el cristal de su ventanilla bajado y pensé que quizá la señora pensara que con eso ya mantenía a salvo del humo a su hija, pero no, se ve que la señora era friolera porque, después de encender el cigarrillo, subió el cristal de su ventanilla dejando una rendija más estrecha, como para asegurar una atmósfera de denso humo dentro del vehículo. Aquello parecía el colmo ¿Cómo le hacía eso a su hija?
Entonces la chica se echó hacia delante en su asiento, con un algo de expectación en su postura, y por el hueco entre los asientos delanteros su madre le pasó ¡Un cigarrillo! Alucina vecina, aquello lo cambiaba todo. Pese a que no había visto que la señora encendiera dos cigarrillos y que ella tenía su propio cigarrillo, el cigarrillo que pasó a la chica debía estar encendido porque no vi que la chica se lo encendiera y si que enseguida estaba dando una calada, a la que pronto siguió otra. Parecía que la chica estaba realmente deseosa de fumar, que realmente necesitaba una dosis de nicotina. Fumó con ansia y se notaba que estaba acostumbrada a fumar con su madre, la cual estaba claro que acepta con naturalidad que su hija fumase y le da tabaco como si fuera un elemento más de una dieta equilibrada.
Se ve que la señora está acostumbrada a marcar sus propias reglas en sus espacios y que no mantiene sus viejos puntos de vista inmutables sin hacer ningún caso a la evolución de las costumbres sociales. Y si a ella le parece normal que una adolescente fume (seguramente como ella hacía en su día), no tiene ningún problema en encender un cigarrillo a su hija. Por su forma de fumar la muchacha parecía realmente enganchada. Seguramente el haber adoptado la costumbre de fumar con su madre y al ser esta una fumadora veterana, esa típica envidia de los fumadores por la que les da ganas de fumar al ver a fumar a otros, le habrá llevado a ir subiendo el número de cigarrillos hasta desarrollar una potente adicción más propia de una fumadora más experta que de una delicada damita. La nicotina ya era una parte fundamental de la vida de la muchachita.
La actitud de la madre era medio entrañable, atendiendo las necesidades de su hija, medio chunga, porque la salud de su hija no se lo va a agradecer. Si la madre no fuera tan propicia con el tabaquismo de su hija, posiblemente esta, aunque fumara, fumaría mucho menos. Es típico que las chicas burguesitas, aunque sean unas juerguistas al salir, mantengan una fachada de niña buena con sus familias que les impide hacer cosas como fumar delante de los parientes, lo cual limita el crecimiento de una adicción al tabaco. Sin embargo esta chica, al tener vía libre para fumar con su madre, ha desarrollado un nivel de tabaquismo que hoy en día no es corriente a su edad, aunque si que lo podía ser en la primera mitad de los 80. La chica ya nadaba como un pez en un doméstico mar de nicotina.
Tal y como fumaba, si la chica no es ya una fumadora empedernida parece abocada a hacerlo. No parece muy probable que ajuste su hábito convirtiéndolo en un vicio moderado y sostenible. Lo malo es que apuesto a que durante toda su infancia la chica fue una intensa fumadora pasiva, la madre no parece de las que se cortan a la hora de ahumar a sus hijos, por lo que la chica ya llevará acumulado en su organismo bastante impacto del tabaco y le costará menos tiempo que a su madre trabajarse un cáncer o una EPOC.
Al ver a la chica al principio me había parecido muy jovencita, de quince o dieciséis años. Pero no soy muy bueno calculando edades y después, al verla fumando con tanta veteranía dudé. Quizá el verla sentada en el asiento de atrás me sugestionó haciéndome verla como más joven de lo que era. Quizá ya tuviera dieciocho años. El hecho de que a esa hora no estuviera ya en el colegio (que seguramente sería privado) o en el instituto, hace pensar que podía estar en la universidad, donde las clases empiezan algo más tarde. Sin embargo una universitaria suele tener sus propios cigarrillos y a esta chica e daba tabaco su mamá. ¿Podría ser que se hubiera quedado sin tabaco y sin mechero? Imposible saberlo. Una actitud curiosamente ambigua la de su madre: la trata como a una adulta permitiéndole fumar y le “da de comer” como a una niña dándole el cigarrillo encendido.
Los días siguientes, al pasar por allí, me fijaba en si estaba por allí aquel fumadero rodante intergeneracional. Durante una semana no hubo suerte pero después me parece que vi el mismo coche de nuevo, a otra hora del día. Un caro todoterreno Toyota, negro con cromados. Me pareció que la conductora era la misma y en el asiento del acompañante iba otra mujer de mediana edad teñida de rubio más menuda. Por desgracia la chica no iba a bordo, en parte posiblemente porque eran horas de clase ¿Iría la señora a buscar a su hija a la facultad para impedir que, no teniendo aun el carné de conducir, volviera a casa en bus codeándose con las clases populares? Lo malo de enviar a una niña de una familia con pretensiones a una universidad pública es que se te puede enamorar de un pobre, echando al traste la posibilidad de una buena boda. Es como si no la dejas fumar en casa, que trataría de estar en casa lo menos posible y vete tu a saber a quien podría conocer. Para una familia clasista, es menos peligroso el tabaco que los pobres. Quizá en vez de gastarse la pasta en ese cochazo deberían haber enviado a la niña a una universidad privada de Madrid, a ver si cazaba a algún futuro miembro de la “global class”, pero claro, nos gusta tener a la nena en casa. Pude ver la matrícula del coche y la apunté, por si poniéndola en el Google encontraba alguna información sobre la dueña del coche, pero en el Google no salió nada.
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