Posted by Sigfrido on 12/14/2009, 11:48 pm
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El siguiente relato viene a ser una continuación de otro que en su día fue traducido por MeBri, aunque seguramente mi historia haya ido por caminos distintos a los que tenía en mente el narrador de la historia traducida por MeBri. Si queréis ver esa narración acudir a http://fumadores.superforos.com/viewtopic.php?t=129.
Esta historia ya la había publicado antes en este foro, pero los nuevos mensajes la han desplazado hasta sacarla del foro, por lo que, por si alguien no hubiese leído la historia, la repongo esperando que os guste.
Hacía una semana que la señora Sandoval había vuelto, sonrosada y con las pilas cargadas, de su escapada semestral al balneario de Aguazules, y aun no había vuelto a encender un cigarrillo. Celia Sandoval era fumadora y tenía algunas ideas originales sobre el tabaco. Un par de veces al año se iba al balneario de Aguazules para hacerse una cura de desintoxicación con la idea de que así limpiaba su organismo de las toxinas del tabaco y daba a su cuerpo una oportunidad de reparar los desperfectos, pensando que así evitaba que el tabaco le perjudicara en gran medida. Durante la cura dejaba de fumar, bebía hectolitros de agua depurativa y tomaba toda clase de pócimas herbáceas que tenían por funciones mantener la ansiedad de la abstinencia bajo control, mejorar la eliminación de toxinas por los riñones, la limpieza de los bronquios y de la sangre, regular el sueño y potenciar la regeneración celular. Le inyectaban complejos vitamínicos, tomaba diversas clases de vahos, se sometía a baños turcos, a elaborados programas de ejercicios, no probaba la carne e ingería solo alimentos orgánicos con grandes cantidades de fibra.
La señora Sandoval se solía tirar una semanita en el balneario de cada vez, reservando días de vacaciones, cogiéndose algún día de permiso o aprovechando alguna baja por alguna dolencia menor que le servía para acudir a Aguazules. Tras volver de sus curas de desintoxicación acostumbraba a estar unos días sin fumar, continuando su dieta, hasta encontrar una ocasión propicia para romper el ayuno de tabaco.
En esta ocasión habían pasado casi dos semanas desde el regreso de la señora Sandoval, durante las cuales había ejercido ejemplarmente de no-fumadora. Su hija Mónica estaba acostumbrada a las curas de desintoxicación de su madre y durante unos días respetaba su estatus de fumadora en periodo de abstinencia, pero pasados unos días empezaba a tener ganas de que su madre se volviera con ella al mundo del sabor. Cuando había pasado una semana desde el regreso de Celia Sandoval, tras una visita a su abuela, ya en el coche, Monica sacó su cajetilla de Marlboro Gold y preguntó a su madre si le importaba que fumara, porque a veces, durante esas abstinencias, la señora Sandoval prefería que no fumara alrededor suya para evitarse demasiadas tentaciones, y realmente el pequeño espacio de un coche obligaba a una intensa exposición al humo. La señora Sandoval dijo a su hija que no le importaba que fumara, ante lo cual Monica encendió un cigarrillo de inmediato, tras lo cual, como solía hacer en otras ocasiones, se lo ofreció a su madre, pues pensaba que quizá ya pudiera dar su periodo de abstinencia por terminado. Celia Sandoval rechazó el ofrecimiento:
-Aun no. Voy a seguir unos días sin fumar. Los primeros cigarrillos tras una cura de desintoxicación son muy especiales y merecen una ocasión especial.
Mónica retiró el ofrecimiento levemente frustrada, porque desde que sus padres le habían dado permiso para fumar encontraba muy agradable fumar con su madre como dos alegres camaradas. Se llevó el cigarrillo a los labios y separó los dedos un momento formando una uve y dejando el pitillo sujetado solamente por los labios que succionaban el humo eficazmente, volvió a asir el cigarrillo, separándolo de los labios y entreabrió la boca dejando asomar perezosamente una densa nube de humo que al momento volvió a esconderse refugiándose en sus pulmones, reapareciendo poco después en forma de un denso chorro de humo que lentamente expulsó con gesto de deleite.
La señora Sandoval miró por el rabillo del ojo a su hija envuelta en humo y sufrió una punzada de envidia, pero Celia era una señora firme en sus decisiones y no estaba dispuesta a romper su periodo de abstinencia de cualquier manera, a salto de mata en un coche. Aun esperaría un poco más.
Empezó otra semana, y el martes la señora Sandoval se encontró con su amiga Soledad, que le comentó que le habían hablado de un nuevo restaurante donde daban unas paellas muy buenas y decidieron que podían juntarse a cenar las dos familias el viernes siguiente, que hacía mucho que no se juntaban todos a la vez.
Dos días más tarde la señora Sandoval supo por su madre que su prima Carmen estaba en la ciudad. Carmen tenía 30 años y es la prima más joven de la señora Sandoval, nacida cuando la señora Sandoval era una adolescente, por lo que había sido la muñequita de sus primas mayores. A pesar de la diferencia de edad, cuando Carmen se fue haciendo mayorcita fueron haciéndose amigas y desarrollaron mucha confianza. Carmen era atleta, velocista, por lo que pasaba mucho tiempo fuera de la ciudad metida en entrenamientos de alto nivel y en competiciones. Al saber que estaba en la ciudad la señora Sandoval le llamó por teléfono y tras una larga conversación telefónica en que se pusieron al día de las últimas novedades, quedaron en que Carmen también fuera a la cena del viernes.