Posted by Sigfrido on 12/14/2009, 11:50 pm, in reply to "Las humeantes aventuras de la señora Sandoval: Episodio 1."
79.159.84.49
Carmen volvió a sus entrenamientos y la vida continuó como era usual. Pasaron las semanas y cuando Carmen se encontraba con la señora Sandoval nunca le pidió un cigarrillo, a pesar de lo que habían hablado. Después de esos días en que había fumado cigarrillos con cierta frecuencia, Carmen prefería dejar pasar un tiempo respetable sin fumar, como para comprobar que aquellos pitillos no habían empezado a engancharla y asegurarse de que aquello no se convertía en una costumbre, quería dejar un margen de seguridad. La señora Sandoval se dio cuenta de que ya había pasado mucho tiempo desde que Carmen y ella habían tenido aquella conversación y establecido la manera en que Carmen iba a permitirse fumar. Celia se temió que su prima Carmen hubiera cambiado de idea y que, en un exceso de rigurosidad hubiera decidido no fumar nunca más, renunciando a un placer que la señora Sandoval valoraba tanto.
La señora Sandoval volvió a hacer una de sus estancias en el balneario de Aguazules, con lo cual, como parte de la terapia de desintoxicación, dejó de fumar provisionalmente. De vuelta en casa, fresca como una lechuga a consecuencia de los tratamientos, continuó su abstinencia como de costumbre. Cuando Carmen fue de visita a su casa aun no había vuelto a fumar.
- Y bien ¿Cómo fueron estos meses de entrenamiento?- pregunto la señora Sandoval a su prima Carmen- ¿Ya te has decidido sobre si sigues o no en el atletismo?
- Me lo he pensado bien y voy a seguir compitiendo, Celia. No se cuantos años me quedan en esto pero creo que voy a aprovecharlos todo lo que pueda.
- Me alegro mucho por ti, se que disfrutas con el atletismo y creo que haces bien. En último término, cuando acabes tu vida deportiva, si no te sale otra cosa podíamos montar algún negocio. Por eso no te preocupes.
- Muchas gracias Celia- dijo Carmen contenta- seguiré compitiendo. Quizá ahora pasé un poco más al fondo, que con la edad es más fácil mantenerse en fondo que en potencia, pero sin cambios drásticos.
Celia asintió sonriendo satisfecha.
- Discúlpame un momento- dijo a su prima Carmen levantándose del sofá.
Enseguida volvió con una cajetilla de Fortuna plata y un encendedor.
- Llevo veintidós días sin fumar- explicó la señora Sandoval- pero me parece que ya es hora de romper el ayuno. Pasé por un estanco en que no tenían Gauloises amarillos, pero estos también son suaves y no están mal ¿Quieres uno?- preguntó a Carmen llena de curiosidad.
- Mmm ¡Vale!- contestó Carmen festiva tras un momento de duda.
La señora Sandoval sonrió contenta al ver que Carmen no había renunciado a disfrutar del tabaco. Ofreció la cajetilla a su prima y luego cogió otro cigarrillo para ella. Enseguida encendieron los pitillos y paladearon el humo con satisfacción.
-Ah, que maravilla- dijo la señora Sandoval, disfrutando su reencuentro con el tabaco- Temía que hubieras cambiado de opinión y que hubieras decidido no fumar nunca más- comentó Celia.
-No, era solo que quería dejar pasar un tiempo, para demostrarme que no tenía problema en pasar sin fumar.
-Eres muy precavida Carmen. Puedes estar tranquila que no te vas a enganchar- dijo deteniendo a medio camino la mano con la que se llevaba el cigarrillo hacia los labios, reanudando el desplazamiento del cigarrillo al terminar de hablar. Tomó una gran bocanada de humo e inhaló el humo profundamente. Al soltarlo se rió- Que embriaguez me ha dado, ja ja. Igualito que una principiante.
A Carmen le hizo gracia lo que había hecho su prima e imitó su gran calada.
-Aguántalo un poquito si quieres que te suba- le aconsejó la señora Sandoval al ver lo que Carmen intentaba conseguir- Pero no tanto que te pongas verde, ja ja –añadió cuando Carmen ya llevaba cuatro segundos con el humo en sus pulmones.
Carmen echó el humo aguantando la risa.
-Uf, si que marea- dijo sonriente- Estoy colocada.
-Es divertido cuando se vuelve a fumar pasado un tiempo, pero mejor que el resto del pitillo nos lo fumemos con más calma.
Carmen asintió.
A partir de entonces, cuando las dos primas se veían, era frecuente que Carmen fumara un cigarrillo. Fue mesurada y no fue necesario que Celia le llegara a negar un cigarrillo por pensar que estaba fumando con demasiada frecuencia.