Posted by Sigfrido on 12/14/2009, 11:52 pm, in reply to "Las humeantes aventuras de la señora Sandoval: Episodio 1."
79.159.84.49
Mientras tanto, había llegado un camarero con los puros que había pedido Eduardo. Resultó que en el restaurante tenían Cohíbas. Eduardo cogió uno olisqueándolo apreciativamente, Víctor hizo lo mismo y les imitó Julio para sorpresa de Soledad su mujer. Julio nunca había sido fumador pero Sole si lo había sido, teniéndolo que dejar porque su consumo compulsivo de tabaco realmente la tenía hecha unos zorros. Tras dejar de fumar a Soledad le había empezado a molestar bastante el tabaco y, aunque con los demás se aguantaba, que su marido Julio cogiera un puro, cosa que nunca hacía, le resultó extravagante. Sin embargo tampoco le pidió demasiadas explicaciones a su marido, pensando que era una simple chiquillada a la que era mejor no dar mayor importancia. Víctor, el hijo de la señora Sandoval y de Eduardo, tampoco era un verdadero fumador, pero de vez en cuando fumaba un puro acostumbrado a que su padre los fumara ocasionalmente e influido por la actitud favorable al tabaco de su madre.
La otra hija de la señora Sandoval, Natalia, era una encantadora joven imaginativa y distraída que no fumaba ni tenía interés por el tabaco, con la excepción de que encontraba agradable el sabor de los puros, si bien le disgustaba el sabor de boca que queda tras fumar un puro. Por eso simplemente “ayudaba” a su hermano Víctor a fumar su puro, tomando una calada prestada de vez en cuando. Julio estuvo un rato fumando su puro pero realmente no lo encontró interesante y, tras alargar un poco la situación más que nada para no quedar mal y para que no pareciera que transigía a las protestas de su esposa Soledad, discretamente dejó apagarse su puro en el cenicero.
La señora Sandoval y Carmen acabaron sus cigarrillos y los aplastaron en un cenicero, con lo que Celia Sandoval daba por clausurado su profiláctico período de abstinencia y Carmen se sentía satisfecha de haber sido capaz de fumarse el cigarrillo sin mayores complicaciones, divertida también de ver que era tan infantil como para sentirse orgullosa de esa travesura.
La velada ya estaba terminando cuando Lourdes y Joaquín encendieron sendos últimos cigarrillos. Alba les imitó pidiendo a Eduardo uno de sus cigarrillos Ducados Internacional. Pese a ser una fumadora social, o quizá por serlo, Alba era una degustadora de cigarrillos, apreciaba su sabor y le gustaba probar diferentes variedades. Mónica era lo contrario, una fumadora dedicada pero para la cual el placer de fumar residía simplemente en los efectos de la nicotina, era una fumadora nicotínica. El aprecio que tenía al sabor de sus cigarrillos era porque venía acompañando a la nicotina, por lo cual, por asociación, lo acababa encontrando agradable, pero como necesitaba ese tipo de vinculación mental entre sabor y estímulo nicotínico, era extremadamente fiel a los Marlboro Gold, a cuyo sabor se había acostumbrado. A la señora Sandoval le parecía inadecuado el que su hija fumara solamente una marca tan cara, algo muy inapropiado para la economía de una jovencita y un despilfarro. Viendo que incluso Alba se encendía otro cigarrillo Mónica echó mano a su cajetilla. Celia Sandoval la vio.
- ¿No has fumado ya suficiente?- le reprochó la señora Sandoval a su hija Mónica.
- Venga mamá, estamos de fiesta.
La señora Sandoval no le contestó con palabras, solo con una mirada que Mónica supo interpretar dejando la cajetilla y poniendo gesto enfurruñado durante casi un minuto.
Dieron la velada por terminada y abandonaron el restaurante. Caminando por la calle Carmen aun notaba el regusto del cigarrillo en su boca. Pensó en lo curiosa que había sido la situación con una parte de arrepentimiento y otra de diversión. Realmente fumar no le había resultado tan extraño como esperaba.