Posted by Sigfrido on 12/15/2009, 9:05 am, in reply to "Re: Las humeantes aventuras de la señora Sandoval: Episodio 4."
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Devoraron alegremente los postres, acompañados de unas copitas de oporto, y pidieron los cafés, aunque la señora Sandoval pidió una manzanilla porque durante su cura de desintoxicación el café y otros excitantes también habían quedado fuera de su dieta. Celia pensaba volver a tomar café el próximo lunes por la mañana con sus compañeros de trabajo, pero le parecía el café del restaurante seguramente sería fuertecito y que en su desintoxicado organismo actuaría con demasiada intensidad.
Llegaron los cafés y de nuevo Mónica, Lourdes y Joaquín encendieron cigarrillos. Eduardo pidió a un camarero que trajera unos puros. Alba se unió a los fumadores pidiendo un pitillo a Mónica, que contenta le dio uno y le dio fuego. Alba era una moderada fumadora social, nunca compraba tabaco y fumaba cigarrillos ajenos, pero para evitar resultar una gorrona, compensaba los regalos tabáquicos recibidos regalando bombones y golosinas. La señora Sandoval había tenido que ver en que Alba fuera fumadora social, le había animado a ello cuando Alba dudaba de que fuera buena idea fumar un pitillo de vez en cuando. La señora Sandoval valoraba mucho esa condición de fumadora social de Alba porque para Celia ser fumador social es lo ideal. Ciertamente la señora Sandoval no era ella misma una fumadora social, le hubiera gustado conseguir esa situación pero ella se reconocía “fumadora por compulsión”, o sea, adicta al tabaco, fumando no menos de diez cigarrillos al día y sintiendo no poder tener más control sobre su consumo de tabaco que el realizar sus periódicas curas de desintoxicación. La situación de fumador social es difícil de mantener porque con frecuencia el fumar socialmente es solo una fase antes de desarrollar una adicción más intensa, pero parecía que Alba era una de esas privilegiadas que consiguen mantener la condición de fumadora social por lo que, para la señora Sandoval, era una fumadora ejemplar y admirable y se sentía orgullosa de su contribución a esa situación. Celia Sandoval tenía la heterodoxa convicción de que fumar ocasionalmente no solamente es un placer inocuo, elegante y mundano, sino que además, en esas condiciones, la nicotina es un tónico de lo más recomendable. Soledad miró como su hija Alba con nostalgia, recordando los tiempos en que ella misma fumaba y envidiando no poder unirse a ella.
Al ver que Alba también se fumaba un pitillo, Mónica se reafirmó en su celo misionero de difundir la buena nueva del tabaco y volvió a ofrecer un cigarrillo a Carmen. La señora Sandoval intervino diciendo que
-Tus cigarrillos son demasiado fuertes Mónica para Carmen- intervino la señora Sandoval- Carmen no fuma nunca.
-Pero mamá, si son light.
-Aun así, tienen 0,7 miligramos de nicotina. No teniendo costumbre de fumar eso es demasiado y se marearía- dijo Celia Sandoval mientras echaba la mano a su bolso- Estos son mucho más adecuados.
Sacó una cajetilla de Gauloises rubios amarillo, con 0,4 miligramos de nicotina, y empezó a abrirla.
-¿Cómo es que fumas unos cigarrillos tan bajos en nicotina?- le preguntó Joaquín Sandoval a su hermana Celia.
-Después de mis curas de desintoxicación estoy tan sensible a la nicotina como si no hubiera fumado nunca y me sientan mal los pitillos más fuertes, estos son más ligeros – explicó la señora Sandoval, que se giró hacia Carmen- Por eso uno de estos pitillos te irá mucho mejor que uno de los de Mónica, Carmen.
La señora Sandoval tendió la cajetilla recién abierta hacia Carmen, que ante el gesto quedó paralizada por un momento. Cuando la señora Sandoval interrumpió la invitación a fumar de Mónica, Carmen se sintió rescatada de una situación incómoda y, agradecida a la señora Sandoval, se relajó, por lo que cuando su prima pasó a ofrecerle un cigarrillo estaba con la guardia bajada y con un especial sentimiento de simpatía hacia su prima Celia. Así que quedó muy confundida, por una parte no debía fumar y por otra no podía negar cierto interés provocado por el ambiente y sentía cierta inclinación a confiar en su prima Celia.
-Venga, coge uno- insistió cariñosamente Celia Sandoval explicitando verbalmente su invitación