Posted by Sigfrido on 12/15/2009, 9:26 am, in reply to "Re: Las humeantes aventuras de la señora Sandoval: Episodio 5."
79.159.84.49
Casi una semana más tarde, la señora Celia Sandoval llegó a casa encontrándose con que solo estaba en ella su hijo Marcos. Se puso cómoda y se fue con Marcos a ver la televisión. Al poco rato llegaron Carmen y Mónica sudorosas y vestidas con chándal. Mónica estaba jadeando agotada mientras que a Carmen se la veía sonriente, llevando la bicicleta de Mónica. La señora Sandoval no se sorprendió mucho de ver a Carmen por su casa pero si lo hizo al ver que Mónica había ido a hacer ejercicio.
- Vaya Mónica, que bien que te hayas animado a hacer un poco de deporte ¿Cómo es que se te ocurrió? – le preguntó la señora Sandoval a su hija Mónica.
- Carmen me convenció – contestó la adolescente con voz entrecortada- ella fue corriendo y yo en bici, que si no ya sería imposible del todo seguirla.
- Pues me alegro mucho, seguro que te sienta bien. Carmen, no se como habrás hecho para convencer a Mónica.
- Fue una especie de apuesta, un intercambio- explicó Carmen a su prima Celia tras dudar un momento sobre si decirlo- Mónica me ofreció un cigarrillo y yo le dije que me lo fumaba si ella aceptaba venir conmigo a correr.
La señora Sandoval se sorprendió un poco por la naturaleza de aquel acuerdo. Su hija Mónica debía haber sido muy persuasiva para convencer a Carmen de fumar un pitillo, siendo como era una dedicada deportista. Al escuchar la explicación de Carmen, Mónica sonrió traviesamente.
El acuerdo se había producido dos días antes. Carmen había ido de visita a casa de su prima Celia Sandoval y se había quedado a solas con Mónica. Mónica sacó sus cigarrillos para fumarse uno y recordó como unos días antes, cenando todos en un restaurante, Carmen había probado a fumar un pitillo. Mónica pensó que sería estupendo que Carmen fumara otro, con un poco de suerte podía aficionarse. Mónica era una fumadora entusiasta que pensaba que fumar era un habito estupendo, en absoluto un vicio, y le gustaba compartir su afición con todo el mundo, le encantaba hacer iniciar a alguien los placeres de la nicotina y, en vista de que Carmen había fumado un cigarrillo pocos días antes, pensaba que era un buen momento para hacer proselitismo con su joven tía Carmen. El que Carmen fuera una deportista de élite no era algo a tener en cuenta para Mónica, que no se paraba a pensar que si Carmen se enganchaba al tabaco su carrera deportiva se vería en grave peligro. Para Mónica fumar valía la pena incluso para su tía y además tampoco creía que fuera algo tan perjudicial.
- Carmen ¿Quieres un pitillo? – le había preguntado Mónica.
Carmen sonrió algo sorprendida por la ocurrencia. Pensó que en realidad si que le apetecía uno. Después de la experiencia del otro día tenía curiosidad por ver si era igual fumarse otro cigarrillo. El recuerdo del cigarrillo de la cena era poco nítido, siendo algo a lo que no estaba acostumbrada las sensaciones del fumar le resultaban confusas. Recordaba que había encontrado que fumar era más fácil de lo que esperaba y que en parte le había resultado agradable. También le había gustado la sensación de romper con su estricto modo de vida de deportista, saltarse un poco las reglas. Por eso sintió deseos de aceptar la invitación de su sobrinita, pero le daba rabia que Mónica sintiera que le ganaba una batalla por convencerla de fumar un cigarrillo en contra de su pauta de vida sana, no quería dar esa satisfacción a esa Mefistófeles aficionada. Así que ocultando su deseo oculto de aceptar la invitación, la rechazó, con cierta firmeza pero procurando que no fuera tanta como para que Mónica le insistiera, queriendo hacerse un poco de rogar.
-Venga tía, date el gusto. El otro día fumaste uno y ya viste que no pasó nada.