Posted by Sigfrido on 12/15/2009, 10:19 am, in reply to "Re: Las humeantes aventuras de la señora Sandoval: Episodio 9."
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Otro par de semanas más tarde Carmen volvió a acudir a casa de la señora Sandoval el sábado por la mañana. La señora Sandoval y Eduardo iban a tomar un vinito y un pincho en el jardín antes de comer e invitaron a Carmen a acompañarlos. Tras el vino se disponían a fumar y Carmen le pidió a Celia un cigarrillo. Celia le indicó donde guardaba los Gauloises y Carmen fue a por ellos con la ligereza de su condición de atleta. Volvió con el cigarrillo y se lo encendió contenta. El matrimonio invitó a Carmen a cenar pero esta rehusó la oferta, porque sus padres tenían invitados a comer, pero Celia le dijo que se acercaría por su casa por la tarde para ir luego al cine.
Al acabar Carmen fue corriendo a los servicios. Luego salió al exterior del cine, donde la esperaba Celia Sandoval fumando un cigarrillo tranquilamente sentada en un banco bajo un par de árboles. Carmen tomó asiento junto a ella y miró el cigarrillo con una mirada golosa que no se le escapó a la señora Sandoval. Adelantándose a una petición de su prima, Celia cogió el cigarrillo entre el índice y pulgar, con la punta del pitillo hacia arriba, y se lo tendió a su prima.
- ¿Quieres?
Carmen agradeció el ofrecimiento del cigarrillo, un gesto que le parecía muy tierno, y tomándolo le dio una buena calada. Fumaron el cigarrillo a medias, Carmen de la manera precavida con que fumaba los cigarrillos con cantidades importantes de nicotina. Le pareció bonito el compartir amistosamente el cigarrillo con Celia.
Aprovecharon para visitar una tienda y luego ya se fueron para casa de Celia a cenar. Tras la cena Carmen fue directamente a donde se guardaban los Gauloises y volvió con los demás encendiéndose un cigarrillo.
Celia dio una profunda calada a su Dunhill y contempló a su prima Carmen, con su corta melena de brillante cabello negro, que solía llevar recogido en una coleta para entrenar, suelto ahora enmarcando su rostro fresco y vivaz, con su luminosa mirada. La postura desenvuelta de su cuerpo flexible, estilizado y bien tonificado, ahora con un brazo alzado sosteniendo un cigarrillo. Se la veía estupenda, tan rebosante de salud y fumando con un estilo al que no era ajena la influencia de Celia Sandoval.
- Los cigarrillos de esta marca me parecen mejores que los otros- le comentó Carmen a su prima- están ricos.
- Si- le contestó Celia- a mí también me gustan mucho.
Un rato más tarde Celia se fue un momento a su cuarto. Al salir de él vio a Carmen por el pasillo y no quiso dejar pasar la oportunidad.
- Carmen – le dijo Celia- ¿Podemos hablar un momento?
- Claro- contestó Carmen algo extrañada por el requerimiento de su prima.