Posted by Sigfrido on 8/5/2011, 12:41 pm, in reply to "Chicas de bachillerato. Episodio 6."
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Malena, en la soledad de la noche, solía caer en la tentación de coger un cigarrillo de su madre y fumarlo clandestinamente en la ventana de su dormitorio. Cuando le asaltaban sentimientos de hastío, aburrimiento o desmotivación, un cigarrillo le resultaba atractivo, una forma de romper la rueda de la rutina con las sensaciones de la nicotina. Además resultaba excitante hacer en secreto algo que le parecía que le pegaba muy poco: “Vaya sorpresa se llevaría todo el mundo”, pensaba mientras fumaba un cigarrillo en compañía de la Luna.
Un día en que estaban fumando juntas Malena planteó sus dudas:
- Me parece que deberíamos dejar de hacer esto.
- ¿Fumar?- contestó Mariluz sorprendida.
- Si. No nos conviene empezar a fumar. No se si sabes que fumar es malo para la salud – dijo sarcásticamente.
- Claro, pero nosotras no estamos fumando en serio. Fumar es malo pero un cigarrillo de vez en cuando no tiene nada de malo- dijo Mariluz recordando lo que le había explicado su madre cuando había fumado delante de Mariluz.
Malena no discutió la afirmación de Mariluz, sobre todo porque quería seguir fumando aquel cigarrillo.
Para Malena era fácil conseguir tabaco. Su madre siempre dejaba algún paquete abierto por ahí y la asistenta que les iba a casa tres veces por semana tenía permiso de la señora Fierro para coger de su tabaco, por lo que si Susana Fierro notaba que le faltaban cigarrillos entendía que había sido la asistenta. Así que Malena le fue cogiendo gusto a fumar.
En cambio para Mariluz era más complicado acceder al tabaco. No es que quisiera “empezar a fumar en serio”, pero empezó a pensar que estaría bien poder fumar algún cigarrillo fuera de la casa de Malena. En una ocasión acompañó a su madre a la casa de la señora Sandoval. Solo iban a prestarle una maleta, pero se quedaron a tomar el inevitable cafelito. La señora Sandoval encendió un Dunhill Internacional y Mariluz no pudo evitar que se le escapara una mirada de envidia que no se le pasó desapercibida a la señora Sandoval. Celia Sandoval comprobó que la manera en que Mariluz miraba su cigarrillo no era neutral y pensó que después de aquel cigarrillo que le había dado Mariluz debía de haber fumado más veces.
- ¿Te apetece una calada?- dijo la señora Sandoval tendiéndole el cigarrillo a Mariluz.
- Gracias- murmuró Mariluz.
Le dio una buena calada al cigarrillo y le devolvió el cigarrillo a la señora Sandoval antes de exhalar una buena cantidad de humo, ante la mirada sorprendida y levemente divertida de su madre.
CONTINUARÁ
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